SECUESTRO
Cuentos y Desencuentos
Hay cuentos que se escriben desde la acción.
Otros, desde la imagen.
Y otros, desde el cuerpo.
El frío caló despacio hasta el centro de los huesos y un temblor recorrió mi espalda exaltando cada poro de la piel de camino a la cabeza.
Ella tenía los ojos vivos y la boca abierta dibujando una mueca con la musculatura atenta a la espera del momento exacto para acabar de una vez por todas con el silencio.
La oscuridad era casi absoluta y en el aire flotaba el brío de lo venidero; sabíamos lo que seguía, pero no teníamos la certeza del cuándo ni en qué formas. Lo cierto es que era inevitable y cada sentido exaltado trataba de percibir algo, lo que fuera, antes que el otro.
Recuerdo la sensación de las piernas adormecidas y las manos presas, entrelazadas en un manojo de insoportable espera, y el casi imperceptible aroma del perfume de la mujer que estaba sentada enfrente dándome la espalda, flotaba dulce en el espacio entre su pelo y mi nariz; no sé si eran jazmines o alguna otra flor de temporada.
Nunca gusté de los perfumes, me parece que es inútil tratar de transformar el aroma del cuerpo en algo más que eso, cuerpo. Pero ese día, ese perfume era a lo único que podía aferrarme para no romper en llanto.
Romper en llanto: partir el pecho en dos para abrirle paso al caudal de lágrimas que, como un manantial, nos habría ahogado a todas en ese pequeño espacio.
Habían sido días difíciles, de esos que no le desearías ni al vecino cuyo perro defeca en la entrada de tu casa casi todos los días.
Por suerte (o por desgracia) ese día no la había pisado, tal vez si lo hubiese hecho, habría podido salir con la excusa de limpiar mi zapato y evitar el vértigo de la espera. En cambio estaba allí, sentada en una butaca dura, rota y fría, observando impávida su rostro que, teñido de luces y sombras, sostenía la mueca, y el aliento, y el tiempo.
Ella era tan incógnita para mí, y aún así reconocía sus gestos; la sabía atenta, presente, decidida a abrirse y partirme en dos como un rayo en el medio del patio, y yo estaba lista, aunque no lo supiera, aunque quisiera salir corriendo, aunque…
Justo en el momento en el que estuve a punto de colapsar, mientras apretaba lenta y firmemente los dientes, la mano se movió de pronto dibujando un símbolo en el aire y soltamos un suspiro, al unísono, como si hubiésemos retenido la respiración durante toda la eternidad a la espera de aquel momento.
De aquel momento en el que el gesto por fin rozó el espacio, dejando una estela invisible que detonó el sonido que lo cambió todo.
El sonido de su estruendosa, rota y alarida voz, balsámica de alguna forma, que ahora envolvía al mundo.
El mundo que, desde ese finito momento, se cerró detrás de ella.
El concierto continuó su curso, aunque lo cierto es que no pude oír nada más que su voz durante las dos horas siguientes.
Si me preguntan… diría que fue un secuestro.
Si gustas, hazme saber qué sabor te dejó este cuento, si activó algo en tu memoria y qué imágenes o situaciones atravesaste al leerlo.
Me encantará leer tus comentarios al respecto 🌱
PD1. Si quieres saber más sobre el proceso creativo que atravesé para escribir este breve cuento, te invito a leer este exordio de Secuestro
PD2. Mis agradecimientos especiales a quien ya considero un amigo David Cisneros Ardura, por ayudarme a madurar este ejercicio de cuento 🙏
Con cariño,
Muriel 🌷
Si este espacio te reconforta, te acompaña o simplemente deja un eco en tu alma, agradezco que consideres apoyarme para seguir sosteniéndolo aquí.
Te invito a leer:
De mi próximo libro Recetas para el Alma:
De Reflexiones sobre el oficio de escribir:
De la Meza de los Versos (escritura colaborativa):
De Décimas y Versos:
De Cuentos y Desencuentos



Uffff!!! Si a tí te movilizó mi respuesta, tu cuento ha provocado una rebelión en mi mente.Lo que me generó fue una sensación de opresión contenida… como estar mucho tiempo respirando en un espacio demasiado chico.
Sentí ese nudo en la garganta que no termina de hacerse llanto, pero tampoco desaparece. Como si algo dentro quisiera salir con urgencia, pero hubiese aprendido, por costumbre o por miedo, a quedarse quieto.
Tu lectura le agrega una capa todavía más fuerte, ya no es solo una escena, es el cuerpo recordando lo que fue estar callada tanto tiempo… y el instante exacto en que deja de estarlo.
Porque lo vivi en casi 20 años de matrimonio habitando un cuerpo que creí que no era mío. Hasta que entendí: "no es que alguien me dio voz… es que me diste cuenta de que siempre había sido mía". Y es ahí cuando me separé.
Gracias por este cuento que hoy vino a enseñarme que ese capítulo hoy lo leo con la cascarita ya madura.
Que tengas una linda tarde...y sigue escribiendo porque lo tienes calidez y firmeza en lo que quieres comunicar y así lo siente el lector.!
Mi intuición me dice que es un texto muy sensorial, muy de cuerpo, de espera y de conmoción. Yo no lo he leído tanto como un “secuestro” literal, sino como ese momento en que alguien o algo te impacta tanto que todo lo demás se borra durante un rato. Ahí es donde más me ha llegado.